miércoles, 25 de febrero de 2026
Sueño despierta
Cuando mi adolescencia imaginaba una vida independiente de todo embrollo social. Me veía caminando por las tardes noches de por alguna ciudad de bonitos paisajes y cafés al aire libre, yo pasando el tiempo tomando clericot y charlando amenamente con algunas amigas de andanza o compartiendo el tiempo con el amor de mi vida. Me pensé con buena figura y como la Barbie ni hablar de cómo se pagan los consumos y esos lentes raiban (no quiero demandas pero saben a que me refiero) que bien me quedan. Soñé mi alma libre de todo pecado, remordimiento o pesadez. Pues aquí estoy mi yo hecha realidad, en una ciudad que me secuestra finalmente, me atrapó la extranjería de ser ciudadana del mundo. Jugando a la india María y sintiendo aquello de no ser ni de aquí ni de allá. Con lentes para la miopía y cenando panini en el café más cercano al hospedaje temporal. Cargada de pendientes y pocas estrategias para resolver. Bien consciente de que nada es gratis y sola tomando matcha porque la edad y la figura no quieren dar tregua. Extrañando la maternidad cercana y cotidiana, harta de no tener los besos y abrazos que me calman el alma en mi hogar que no es esta ciudad a la que llegue con aires de grandeza y como siempre soñando despierta.
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